miércoles 7 de octubre de 2009

Uno de esos días.

Si en alguna ocasión no contesto a los mails, no respondo a las llamadas o no abro la puerta de casa mientras ustedes llaman insistentemente no se preocupen, no he pasado a mejor vida, o por lo menos cabe la posibilidad de que no sea así. Esa reacción puede darse en mi persona bajo dos circunstancias:

La primera involuntaria. No estoy consciente. Finalmente la falta de compromiso con mi forma física le ha otorgado a mi cuerpo, que no me pertenece, la capacidad de parar la máquina. Detener su curso evolutivo. Está en su derecho.

Respecto a la segunda situación es voluntaria, premeditada. Es uno de esos días en los que he decido estar solo, y ahora viene lo bueno, sin motivo aparente. Supongo que si profundizo en mis sensaciones podría concretar algo más, pero no me lo planteo. Es una necesidad y cuando llega el momento me entrego, sin remisión, a la soledad buscada. A ese espacio íntimo que soy yo mismo. No todos soportan lo que encuentran. A mi no me disgusta lo que veo. Eso sí, si no doy señales de vida en un par de días, por favor tiren la puerta abajo, a ver si al final la vamos a liar.

2 comentarios:

Marta Simonet dijo...

Justo descubro este lugar ahora,en el mismísimo momento en el que casi tiro la puerta de casa de mi madre para abajo.Se ve que estaba practicando la segunda opción que nombras,y se había gustado mucho,tanto,tanto,taaaanto que ha estado unas cuantas horas recreándose en su mundo,desconectando absolutamente el exterior,hasta que yo le he roto la insonorización con un portazo y un "Mamáaa,¿estás bien?",supongo que su respuesta inmediata hubiera sido "Y tan bien,no estaba aqui,ahora estaba en mi unicamente".

En fín,encantada.Te voy siguiendo,aquí desde nuestros mundos.

Joaquín Zapata dijo...

Muchas gracias por tu comentario Marta.
Sinceramente no soy muy espiritual, pero cada vez estoy más convencido de que el principal viaje de esta vida, es hacia el interior.

Saludos.