jueves 12 de noviembre de 2009

Cuestión de altura, cuestión de peso.

El avión en el que viajo pesa mucho, muchísimo. Puedo notarlo mientras se resiste a caer en picado gracias a la propulsión de los motores. Mi vecino de asiento resulta ser alguien con muy poca gracia. Nada más sentarse me ha comentado que “nosotros” refiriéndose a él y a mi, “los gorditos”, será impresentable, “casi no cabemos en estos asientos”. No me extraña, en su caso deberían haberle prohibido subir equipaje. Lleva los treinta kilos a facturar encima, alrededor de la cintura concretamente. Lo siento. Pido disculpas. Ha sido un momento de ofuscación, estoy muy sensible con ese tema. Calma. Tranquilidad. Sosiego.

No hay un momento de paz, mi robusto compañero tiene ganas de cháchara. Odio a los que hablan en los aviones. Yo estoy a lo mío, que es auto controlarme para no abofetearle por el insulto y los nervios de la altura. Deberían habilitar una especie de medianeras, separaciones, cortinillas. Alguna barrera física capaz de contener a los parlanchines. Es a todas luces injusto que además de pagar por un servicio, uno no pueda obtener la privacidad deseada. Los aviones parecen diseñados para el propósito de socializar a la fuerza ofreciendo filas de tres en tres que o se pasan, para las parejas, o se quedan cortas, para según que grupos.

Mi abultado colindante, que no se calla, vuelve al ataque diciéndome que es mejor dormir en los vuelos. Lo intento, pero yo cierro los ojos y lo único que noto es el peso del avión. Bueno, el del avión y el de mi maldito vecino, ese superlativo anejo, que estoy seguro pone en peligro la seguridad del vuelo. Si este cacharro con alas tuviera un sensor como el de los ascensores, hace rato que habría pitado quejoso ante el desproporcionado sobrepeso que hemos generado entre los dos en la fila siete. Sólo falta que la azafata nos invite a cambiar de lugar con la excusa de nivelar la distribución de carga. Ahí está, hacia nosotros se dirige, como no me ofrezca algo de beber aquí se va liar bien gorda, y nunca mejor dicho.

2 comentarios:

malva dijo...

ajajjajajj muy bueno...que grande eres¡¡¡¡¡¡
ups..no iba con segundas, lo juro.

Joaquín Zapata dijo...

jajajajajaja... ya hablaremos en la reunión de crónica, y sobre todo, padecerás el sentarte a mi lado.
Muchas gracias por tu comentario. ;-)